A 20 años de «Bocanda»: los secretos de un trabajo emblemático de Gustavo Cerati

27 junio 2019

El álbum salió el 28 de junio de 1999. Fue su segundo disco solista y el primero después de la separación de Soda Stereo. La Viola habló con músicos y artistas que participaron de esta grabación que trascendió a su tiempo.

El 20 de septiembre de 1997, Soda Stereo se despidió de sus fans en un emotivo show en el estadio de River. Esa noche, Gustavo Cerati inmortalizó la frase «gracias totales«. Un agradecimiento al amor incondicional de sus fans. Al bajar del escenario, el artista decidió tomarse un tiempo, una pausa en su vertiginosa carrera. Fueron años movidos junto al trío que completaban Zeta Bosio y Charly Alberti. Muchos discos publicados y giras interminables por distintas ciudades de América.

A los pocos meses, Cerati disfrutaba de su nueva vida familiar. Pasaba muchas horas en su casa de Vicente López junto a su mujer, Cecilia Amenábar, y sus hijos Benito y Liza. Sus energías estaban enfocadas en disfrutar de su entorno, en pasar más tiempo con los suyos. Pero la música estaba latente. A los meses, el músico ya estaba colaborando en distintos proyectos, como de una experiencia electrónica junto a Flavio Etcheto en Ocio.

Esa pasión por la música, que lo acompañaba desde muy chico, cuando tomaba clases particulares de guitarra, llevaron a Gustavo en ser un referente musical. Nuevos valores -tanto locales como de otros países latinoamericanos- lo tenían como un referente. Para no perder el pulso, el artista armó su propio estudio en el fondo de su casa. Lo llamó «casa submarina». Fue ahí donde descubrió su nuevo mundo, un laboratorio, junto a sus chiches tecnológicos, con la posibilidad de jugar con la creación. Sus horas pasaban durante el día junto a su familia, cumpliendo su rol de padre y marido, para después encarar la noche, al encanto de la composición; sumergido al comando de su submarino sonoro. No faltó algún asistente o músico amigo que lo visitaba para escuchar sus nuevas piezas.

A principios de 1999, el artista ya tenía varias ideas en su computadora. Demos con nombres de fantasía nacieron gracias a su nueva máquina, conocida como AMPC. Una suerte de centro de producción donde el artista sampleó guitarras, voces, y todo tipo de instrumentos. Así nació Bocanada, el segundo disco solista de Gustavo Cerati.

«Este disco lo que plantea, además de todas las sensaciones que puede producir, para mí es un verdadero sentimiento de libertad o lo más cerca posible a ella«, contaba Cerati en un material de prensa sobre el disco. «Me permitió recuperar energía. Hice lo que se me dio la gana. Necesitaba concretizar, hacer canciones y salieron como una bocanda», agregó.

Para Cerati fue un trabajo especial -con presiones sobre su futuro profesional después de Soda- donde compuso una gran cantidad de material. «No solo hice un disco, hice varios en uno«, resaltó satisfecho con su creación en ese momento.

Etcheto fue uno de sus colaboradores. El músico -había trabajado con Soda y con él en el proyecto electrónico Ocio-, pasó varias horas en el estudio escuchando cada una de sus ideas. «A lo largo del proceso creativo y de grabación, estuvimos los dos mucho tiempo en el estudio, generando loops, pensando frases, distintas cosas que surgieron en ese momento y que él las adaptó para el disco», reconoció en una charla con La Viola.

Leo García fue otro de los músicos invitados a escuchar esos demos, y con el tiempo, el artista también fue invitado a sumarse a la grabación. «Fue algo muy grande, una obra atemporal. Fui un bendecido por tener un lugar de privilegio en su creación. No sé si fue un llamado puntual. Me invitó en reiteradas oportunidades a su estudio y me iba mostrando lo que estaba componiendo. Hubo mucha previa, con salidas todos juntos, que me demostraron que estaba entrando a su vida«, recordó el cantante a La ViolaLeandro Fresco, Fernando Nale y Martín Carrizo completaron los músicos que lo acompañaron a Cerati en esta nueva etapa.

Para Leo, «Puente» es el tema que representa el concepto del disco. Su favorito. «Una canción bisagra. Participé poniendo algunos arreglos, y canté junto a Gustavo. Escuché el resultado y fue increíble. Representa algo muy importante en la historia del disco». También recordó un momento especial, una gran conexión con el artista en el estudio: «Estaba con Gustavo a solas, sentados en la consola los dos, charlando un poco de su destino, su carrera artística, que recién arrancaba como solista. El disco anterior –Amor amarillo– todavía estaba con Soda. Me contó que tenía cierto temor, que no sabía lo qué podía pasar. Hasta me preguntó quién podía a llegar a ser su manager«.

Etcheto también se sumó en la composición de dos temas: «Perdonar es divino» y «Alma«. «Son las canciones más bellas, no solo dicho por mí, sino por la gente que escuchó el disco. Es una sensación hermosa su interpretación. Tienen su impronta muy marcada. Fue un gusto cumplir con las expectativas que tenía. Siento que confió mucho en mí y se lo agradezco».

Otros de los cortes que tuvo Bocanda, fue «Paseo inmoral», en donde Cerati tuvo como letrista a Francisco Bochatón de Peligrosos Gorriones. «Cerati trabajó en mi primer disco solista. Me llamó para Bocanda y me pidió algunas letras. Recuerdo que me pasó el audio de ‘Paseo inmoral’. Empezamos a ver qué quería decir, por dónde quería ir, si era un tema espiritual o metafísico. Es una letra que hice en muy poco tiempo», rememoró sobre ese momento tan especial.

No fue una tarea fácil. En el demo original, llamado «Glam», Gustavo tarareó el tema y Bochatón tuvo que reemplazar cada sonido con palabras según la fonética. «Busqué que cada término coincidiera con el original. No quería que se perdiera eso«, le contó a La Viola. «Me preguntó si quería llamarla ‘El gran inventor’, pero me pareció que era mejor ‘Paseo inmoral’. Me respondió: ‘como quieras'».

Eduardo Bergallo fue el ingeniero de grabación de Bocanda. «El hizo los demos en el estudio y lo que hicimos después fue de reemplazar todo lo que había tocado y mejoramos algunas cosas. Lo que no estaban eran las letras. Él tardaba mucho en hacer las líricas de los temas. Le gustaba más disfrutar de la música. Algunas se terminaron en Londres, durante la grabación de las voces», recordó el técnico. También contó una anécdota que devastó al artista. «Un día pasó Zeta Bosio por el estudio y quiso hacer un backup de los sonidos del teclado. Sin querer borró todo. Quiso hacerle un favor y lo terminó hundiendo. Gustavo recreó algunos de esos sonidos, pero se quedó con la sensación que no sonaban como antes».

En «Verbo carne«, otro de los tracks de Bocanda, la orquestación la grabó con máquinas y después le agregó los instrumentos reales en los míticos estudios de Abbey Road. «Es uno de los mejores estudios del mundo. En ese lugar grabaron las mejores filarmónicas de Europa. Es un lugar especial», contó Cerati sobre ese momento.

Las grabaciones en Londres siguieron por los estudios Matrix. «Algunos temas se terminaron en Inglaterra, él se había llevado algunos loops y yo el sampler para completar el disco. Faltaban algunas letras e hicimos unas cuantas en el departamento donde parábamos. La grabación se extendió unos días. Estuvimos con Clive Goddart, un productor increíble, que preparaba las mezclas por su cuenta y cuando llegábamos ya estaba todo listo para escucharlas y hacer algunos cambios. Disfrutamos mucho de esos días de trabajo», recordó Flavio Etcheto.

«Fue una de las grabaciones más relajadas que tuve en mi vida. Recuerdo tener muy buenos resultados en poco tiempo. No demoraba más de cinco horas un tema para resolverlo por completo. La idea de hacerlo en Londres tuvo que ver con los bajos. De los discos ingleses me gusta mucho cómo mezclan los bajos. Quería que este disco tenga esa patada dura y oscura», contó Cerati a los pocos días de la salida de Bocanda.

Fuente: La Viola

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