El «Trucha Varela» un tucumano en el último vuelo sobre Malvinas

19 junio 2019

Sólo palabras antiguas que en la actualidad han perdido su significado como: valor, gallardía, y honor son las únicas que se pueden usar para describir el desempeño en combate del personal de la Fuerza Aérea Argentina. Por Daniel Roca Centurión

Las Fuerzas Argentinas combaten ferozmente en las estribaciones alrededor de Puerto Argentino. Palmo a palmo, centímetro por centímetro, se libra la última batalla de la guerra.
Todos saben que la suerte está echada y que el asedio, tarde o temprano se cerrara sobre la Guarnición Militar Argentina. Sin embargo, la FAS continúa intentando apoyar a las Fuerzas Terrestres, a pesar de las pérdidas y que el «cansancio operativo» lleve a las tripulaciones, más allá de todo límite lógico.

ULTIMAS SALIDAS DE LOS HALCONES DEL CIELO
La mañana del 13 de junio salen los NENE y los CHISPA, indicativo de aeronaves A4B, armados con 3 bombas BRP (frenadas por paracaídas) de 250 kg cada una. Su objetivo, tropas británicas en el Monte Dos Hermanas.

Son los NENE, el Teniente Omar Gelardi, el Teniente Luis Cervera y el Alférez Guillermo Dellepiane; y los CHISPA, el Capitán Carlos Varela, el Teniente Mario Roca, el Teniente Sergio Mayor y el Alférez Marcelo Moroni.

A las 10:35 y 10:41 despegan del aeródromo de San Julián los CHISPA y los NENE, respectivamente. Llegan primero los NENE a las inmediaciones de Dos Hermanas y casi al mismo tiempo los CHISPA. Observan a las tropas inglesas trabajar incansablemente, ven helicópteros transportando módulos enormes de color verde camuflado y hacia allí dirigen todas sus bombas.

Casi en línea, de norte a sur, atacan las dos formaciones de cazabombarderos argentinos. Dellepiane tiene en la mira a un helicóptero, acciona sus cañones pero sale un solo disparo, efectúa un rearme para destrabar el mecanismo y con rumbo 330 encuentra a otro, desafortunadamente sus cañones siguen sin funcionar. Las tripulaciones de esos helicópteros deberían mandar una carta de agradecimiento a la fábrica Colt…!! por la inefectividad de sus cañones!!.

Los cañones del A4B de Cervera funcionan esta vez y un helicóptero parece haber sido impactado.
Los CHISPA, a su vez, lanzan sus bombas y el Teniente Roca certifica las explosiones de las BRP del Capitán Varela. Dan en cierta parte del Puesto de Comando del General Moore y del General Julian Thompson, jefes máximos de las tropas británicas en las islas, que se salvan de milagro. Se preguntan ¿Cómo harían los argentinos para saber que ellos estaban ahí?.
Los CHISPA también intentan darle a algunos helicópteros, pero no son precisos. Las altas velocidades que despliegan los cazas no les permiten centrar en los sistemas de puntería de sus aviones a las maquinas capaces de detenerse en el aire, y pasan de largo.
El Centro de Información y Control, que opera el radar de Malvinas, les alerta de la presencia de patrullas aéreas de combate enemigas: una sección de Harriers se encontraban en nivel de vuelo 180 (18000 pies, aproximadamente 5.500 metros de altura) en la zona norte del estrecho de San Carlos y la otra cerca de la zona de Fitz Roy.

En su escape inicial Dellepiane intenta eyectar, infructuosamente, sus tanques auxiliares de combustible y pone rumbo norte. Va haciendo maniobras evasivas hasta la salida de la isla Soledad. Ahí coloca rumbo aproximadamente oeste, y ve a una fragata detenida en la zona norte del estrecho de San Carlos. Veinte minutos más tarde inicia un ascenso desesperado ya que observa que el nivel de combustible va cayendo vertiginosamente. Su aeronave es un colador, debido a los impactos de las armas de la infantería británica.

Los A4 de ambas formaciones van regresando desde distintas direcciones a efectos de dividir a los posibles Harrier que intenten perseguirlos.
El «Pianito» como le dicen al Alférez Dellepiane, se pone en contacto con el reabastecedor en frecuencia de radio. No es el único que regresa con problemas, el Capitán Varela tiene sobretemperatura en la única turbina que posee y las revoluciones de motor están cayendo.

El Hércules, sale de su zona de seguridad y, desesperadamente, intenta encontrar en medio del inmenso cielo austral al A4 del «Pianito», que ya no tiene ni el olor a combustible en sus tanques.
En un momento de la desesperada búsqueda, el piloto del reabastecedor Vicecomodoro Litrenta Carracedo, cree ver al A4 y le ordena que ponga viraje por derecha para que pueda ver al KC-130. Dellepiane lo ve abajo y a la derecha, tiene el nivel de combustible en cero.
Prácticamente reduce, con suavidad temiendo una plantada (detención), la potencia del motor a cero y se zambulle de cabeza para establecerse en la altura del reabastecedor.

Le pide al KC que gire para que el pudiera enganchar en una sola maniobra. No sabe si en cualquier momento se detendrá el motor y caerá en las frías aguas del Atlántico Sur.
Ahora que los tiene a la vista y bien centrados, da potencia plena para enganchar la canasta de reaprovisionamiento en un solo acto. Como estima pasarse, le avisa al KC que pique para acelerar. El Vicecomodoro al mando del Hércules dice por la radio: «Picando para looping (maniobra de acrobacia aérea) !!», haciendo una broma para quitarle tensión al momento.

El vicecomodoro Litrenta efectúa una maniobra casi acrobática con el pesado KC-130 de manera de ubicarse rápidamente en la trayectoria del A-4B y de inmediato lograr el enganche y poder trasvasar el preciado combustible.

Lo logra y dentro del enorme Hércules la tripulación se abraza, se ríen a carcajadas y con un dejo de ternura miran por las ventanillas laterales al caza volar enganchado a su avión, con el mismo cariño con el cual un padre primerizo observa a su hijo recién nacido por el vidrio de la nursery. El «Piano» ha vuelto a nacer, lo ha parido un KC-130. !No lo pueden creer!.

UNA MAS NO ASUSTA
Sobre la vertical de la pista el KC suelta de su canastilla la lanza del A4, que en su descenso, lleva por detrás una estela de combustible vaporizado que sale de los orificios producidos por los proyectiles británicos. El comandante del reabastecedor le grita por frecuencia que no accione los frenos, ya que una chispa iniciaría un incendio, por la cantidad de combustible JP1 que va dejando tras de sí. Dellepiane baja con cuidado. Ya pasamos tantas, una mas no asusta.

Por su lado, regresa con graves problemas el Capitán Varela en el caza matrícula C-222, conocido como el «Tordillo», debido a que está pintado en color «cielo nublado», a diferencia de sus hermanos con panza color cielo y lomo camuflado. La guerra lo encontró saliendo de una inspección mayor en el Area Material Río IV. No hubo tiempo de pintarlo de camuflaje y quedó con ese color «antióxido» de fábrica.

El vuelo de regreso de Varela fue un calvario. A las oscilaciones de motor y las altas temperaturas en la turbina, se le sumaba que la potencia disponible era menos del 85%, con el peligro de apagado de esa planta de poder.

Luego del aterrizaje se verifico que el compresor del motor estaba destruido y que los alabes de turbina se habían desgastado a la mitad. El «Tordillo» obró un milagro y trajo de vuelta a casa a su «patrón».
Después del mediodía, los CHISPA y los NENE ya están en su aeródromo. Para ellos ya ha terminado la guerra. Esta ha sido la última misión de los aguerridos A4B. Por otra parte, las solicitudes de apoyo de fuego aéreo siguen llegando a la FAS.
Posteriormente saldrán Daggers, acompañados por Mirage MIII interceptores, con la intención de atacar con bombas BRP a la artillería británica cerca de Puerto Enriqueta, pero la mala meteorología no permite visualizar bien los blancos, por lo cual se aborta el lanzamiento.
Están muy cerca las fuerzas argentinas y las británicas. Puede ser peor el remedio que la enfermedad.

EL ULTIMO HERCULES
En la noche del 13 de junio, un último Hércules indicativo PATO, con su carga de heridos, despega de Puerto Argentino y sólo sube el tren de aterrizaje para continuar rasante, evitando a la flota británica con sus trampas misilísticas y a las patrullas aéreas de combate de Harriers que buscan aeronaves argentinas para derribar.
Deben llegar, en estas condiciones, hasta un punto próximo al continente y levantar para efectuar el resto de la navegación de manera «normal».
Había aterrizado a las 19:30 en la Base Aérea Malvinas, bajo fuego de la artillería de campaña británica, dejando un cañón de 155 mm con su parque de munición y 30 minutos después, había despegado en la misma situación táctica, luego de permanecer en tierra en constante alerta roja, por el cañoneo británico.
Sera el último traslado en Hércules de la guerra.
Aterrizan en Comodoro Rivadavia en los primeros minutos del 14 de junio.

¡¡¡GOLPEEN CON AUDACIA DE DIA Y DE NOCHE!!!
Como en otras oportunidades, el Brigadier Crespo solicita, entre las tripulaciones de combate, voluntarios.
Les explican a las tripulaciones de bombarderos Canberra, que las acciones que realizaran no cambiaran la suerte de la guerra, pero que permitirán a muchos miembros de las fuerzas terrestres que combaten en los alrededores, regresar a Puerto Argentino sin el asedio de la infantería británica, aunque más no sea por unas horas.

Las tripulaciones de Canberra que se ofrecen, indicativo BACO, estarán conformadas por el Capitán Roberto Pastran y el Capitán Fernando Casado como guía y, como numeral los Primeros Tenientes Roberto Rivollier y Jorge Annino.
Despegan de Gallegos a las 21:30, delante de ellos el cielo y el mar se confunden en tonos de azul y negro.

Al llegar a las proximidades del objetivo, empleando sus radares Doppler, además de la ayuda del radar de Malvinas que, como podía seguía operando, hacen puntería sobre la concentración de tropas cerca de Puerto Enriqueta.

Justo antes del momento de efectuar el lanzamiento el numeral sobrepasa al guía y tira primero, a su vez, el guía se abre un poco al este. Las bombas de ambos Canberra impactan en el lugar necesario, el destello de las explosiones se visualizan desde la BAM Malvinas.

El General Moore, se salva de milagro, ya que cuando las bombas caen en el Puesto de Comando, él se encontraba visitando a los heridos en el Hospital de Campaña. Se pregunta nuevamente ¿Cómo sabrían los argentinos que el puesto de comando estaba allí?.

La reacción antiaérea es brutal, el cielo se vuelve un infierno de munición trazante y desde el HMS Exeter salen misiles Sea Dart en busca de los Canberra.
El avión del guía es impactado. Vuela un ala y comienza a caer como una hoja seca en otoño. Pastran le grita a su navegador que se eyecte. Casado acciona desesperadamente las manijas del asiento. No le responden.

El avión se ha deformado por el misil y el asiento eyector no funciona.
Casado grita que no se activa y le ordena al piloto que se eyecte. El altímetro gira locamente en descenso. Con la altura mínima para hacerlo, Pastran cierra los ojos, contrae todo su cuerpo y cumple la orden que le dio su superior. Acciona la manija de eyección y su cuerpo sale disparado del avión, con asiento y todo, soportando instantáneamente hasta 11 veces el peso de su cuerpo. Cae cerca de la costa, infla su bote y llega a la playa. Los británicos lo toman prisionero.

El otro BACO, logra evadir todo lo que le tiraban desde la superficie.
Lanza sus chaff, pequeñas tiras de aluminio que al estar en el aire entre un misil guiado por radar y el avión «confunden» a este para que no impacte con la aeronave, y también lanza sus bengalas, que son pequeñas fuentes importantes de calor concentrado las cuales cuando se encuentran entre el avión y el misil guiado por temperatura, confunden a este para evitar el impacto en la tobera de gases de la turbina del avión.

Va en ascenso para 41000 pies (aproximadamente 12,5 kilómetros de altura) tratando de alejarse de los misiles de corto alcance.

Esta avión aterrizaría en Río Gallegos a las 00:05 del día 14 de junio de 1982, siendo la última aeronave de la Fuerza Aérea Sur que entró en combate en el conflicto del Atlántico Sur.

MALVINAS: NUESTRAS TERMOPILAS
Cuando las huestes persas pusieron pie en la península griega, confiaban plenamente en el gran número de hombres para la batalla, se calcula que eran al menos un cuarto de millón; también confiaban en sus carros, además en las bestias que dirigían en las batallas que amedrentarían a cualquiera y en la gran cantidad de armamento que traían.

Ante ellos, en un estrecho paso entre las montañas quedan defendiendo ese paso el rey de Esparta, Leónidas y 300 hombres de su guardia personal.
Saben que combaten por su tierra, asimismo, para que sobreviva una cultura compartida que poseen todos los pueblos de la Hélade.

También, saben que si los pueblos griegos no se unen contra el enemigo común, una por una estas ciudades-estado serán engullidas por la «bestia del oriente».

Leónidas los guía y no les miente. Son conscientes que no tienen oportunidad.
En los relatos de la época cuentan que, durante los últimos combates, cuando los hoplitas griegos de tanto matar persas quebraron sus lanzas, después emplearon sus espadas, luego sus escudos y sus cascos, y por ultimo cuando no quedaba más elemento a mano para pelear, lo hicieron con sus puños y sus pies.

Jerjes, el rey persa, sabiendo que no se van a rendir, empleando a un traidor que los guía, los rodea y los aniquila en una lluvia de flechas. Ya ha perdido muchos hombres en manos de estos guerreros y debe seguir la campaña para ocupar toda Grecia. No los quiere enfrentar más, todo lo hace a la distancia.
Cuando Jerjes amenazó a Leónidas, este le contestó: «¿Así que tus flechas cubrirán el sol?. Mejor, a nosotros nos gusta combatir a la sombra».

Yacen los cuerpos de los 300 en las Termopilas, cuando llegan las tropas atenienses comprenden el mensaje que esos hombres les han dejado con su entrega.

Aun hoy existe un cartel en el paso que reza: «Viajero: si pasas por Esparta dile a nuestros compatriotas que Leónidas y sus bravos sucumbieron cumpliendo con sus leyes».

MENSAJE ATEMPORAL
Aquellos que cayeron combatiendo en las islas Malvinas, en el mar austral y el cielo que todo lo contiene, nos recuerdan a los héroes espartanos.
Nos han dado un mensaje perenne y atemporal. Ellos nos dicen desde Malvinas que no importan las adversidades y que lo primero es dar todo en el cumplimiento del deber, y que el resto se dará por añadidura. Sólo se puede ser feliz, cuando se puede mirar a los ojos a las personas que se aman, con la tranquilidad de haber cumplido con el compromiso asumido. Como dijo el gran aviador Antoine Saint-Exupery: «La felicidad de un hombre no se halla en la libertad, sino en la aceptación de un deber».
Aún al final de la contienda, continuaron saliendo los aviones que todavía estaban operativos, siguiendo la consigna del Brigadier Crespo: hasta el último avión, y hasta el ultimo hombre…

El Brigadier solía decir sobre sus hombres de la Fuerza aérea Sur: «héroes son los que dieron la vida, el resto cumplió con su deber». Por eso, no estaba a gusto con los reconocimientos, hubo que esperar que falleciera para que se le otorgara la orden Distinción al Mérito Aeronáutico en el grado de Honorable Caballero del Aire.

Para finalizar, es justo destacar lo que profesionales mundiales de la guerra aérea dijeron del Brigadier Crespo y de la Fuerza Aérea, resaltando su competencia y profesionalismo en la Guerra de las Malvinas.
Resaltan que supo adaptarse a la inferioridad tecnológica de la Fuerza Aérea, los problemas de alcance, la falta de aviones reabastecedores y la falta de aeronaves de reconocimiento. El Brigadier Crespo hizo muy buen trabajo con las fuerzas que poseía. En solo veinte días organizó y entrenó una fuerza de ataque para una campaña aeronaval, una clase de tarea para las cuales la Fuerza Aérea no estaba preparada.

Supo aprender de sus errores. Solo palabras antiguas que en la actualidad han perdido su significado como: valor, gallardía, y honor son las únicas que se pueden usar para describir el desempeño en combate del personal de la Fuerza.
Por eso, viajero, cuando pases por Malvinas y regreses al continente, recuérdale a los argentinos que sus soldados alados han muerto allí, por cumplir con el mandato de su Nación.

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