La salida de la crisis

17 junio 2019

Horacio Rovelli afirma que no hay ninguna posibilidad de salir de la crisis desatada por el gobierno de Cambiemos si se trata de acordar con el FMI, por lo que antes que nada se debe tener un plan claro para sacarse ese salvavidas de plomo, y segundo, se debe dar a conocer la verdadera situación a la población, que es el que paga la deuda.

La historia no nos plantea problemas sin al mismo tiempo presentarnos las soluciones, pero eso no significa que la solución sea la que el pueblo argentino requiere, es más, las más de las veces los intereses que prevalecen son la de la minoría de argentinos que siempre estuvieron subordinados al capital extranjero.

En la Argentina el primer gobierno nacional y popular fue el peronismo, que supo combinar la ampliación de derechos con indispensables obras de infraestructura y apoyo a la producción.

Las leyes de Jubilaciones, de vacaciones pagas, indemnización por despido, prevención de accidentes de trabajo, jornada laboral de 8 –ocho- horas, de aguinaldo, el Estatuto del Peón, creación de Tribunales de Trabajo, ley de Asociaciones Profesionales, y Convenios Colectivos de Trabajo. Y paralelamente la creación de Gas del Estado, Combustibles Sólidos y Minerales, Centrales Eléctricas del Estado, y Combustibles Vegetales y Derivados. Durante 1947 se fusionaron Centrales Eléctricas del Estado y la Dirección General de Irrigación para dar nacimiento a Agua y Energía Eléctrica, reemplazando la energía termoeléctrica por la hidráulica, para ello se construyeron diques con sus respectivas centrales hidroeléctricas como el Escaba en Tucumán, el Nihuil en Mendoza, Los Quiroga en Santiago del Estero y seis diques con usinas en Córdoba, seis en Catamarca, cuatro en Río Negro y tres en Mendoza, usinas térmicas en Mar del Plata, Mendoza, Río Negro y Tucumán. En 1943 Argentina tenía una potencia instalada en centrales de 45.000 kilovatios pasando en 1952 a producir 350.000 kilovatios. Le sumó la explotación del yacimiento carbonífero de Río Turbio, que se inició en 1947. Para que la explotación fuera posible debieron construirse caminos, puentes, usinas, viviendas, traerse maquinarias y tenderse líneas férreas para unir Río Turbio con el puerto de Río Gallegos. Se construyó el gasoducto que unió Comodoro Rivadavia con Buenos Aires (que en su momento fue el más largo del mundo), con él la distribución de gas aumentó de 300.000 metros cúbicos por día a 15.000.000 de metros cúbicos y abarató su costo considerablemente.

A ese gobierno lo sucedieron la Revolución Libertadora y el “Desarrollismo” de Frondizi que devaluaron nuestra moneda, acordaron con el capital extranjero y con el FMI con lo que redistribuyeron el ingreso a favor de la minoría más rica y cada vez más extranjerizada. El mejor resumen lo da el llamado Plan Prebisch, que dirigió el economista de la CEPAL, Raúl Prebisch y que básicamente significó (y esa minoría súbdita del imperio, lo sigue proponiendo como plan a seguir pese a su constante fracaso).

  • Suprimir y se suprimieron los controles de cambio y la comercialización de exportaciones con intervención estatal.
  • Se aplicaron fuertes devaluaciones que beneficiaron a los sectores agrarios más concentrados mientras se encarecía en el mercado interno el precio del pan, de la leche, de la carne, del aceite, etc.
  • Los salarios fueron congelados, frente a una inflación creciente.
  • Se suprimieron todos los subsidios dirigidos al consumo de los sectores populares.

Las consecuencias tampoco se hicieron esperar:

  • Se estancó la producción industrial.
  • Se provocó una importante transferencia de ingresos hacia el sector agropecuario y financiero.
  • La balanza comercial dio saldos deficitarios.
  • La inflación se descontroló.
  • Provocó un fuerte descenso de los salarios reales
  • Con el descenso del consumo interno se redujo el PIB

En las elecciones nacionales del  7 de julio de 1963 ganó la formula Illia-Perette y con sus serias limitaciones (proscripción del peronismo) y con el Departamento de Estado en contra, defendiendo el trabajo y la producción local, lograron que la economía volviera a crecer y a distribuir mejor el ingreso: La participación de los asalariados en el ingreso pasó del 35% al 41% en dos años y medios de gestión; se redujo la desocupación al 4% de la PEA (Población Económicamente Activa); durante 1964, el PBI aumentó en un 10,3% y, al año siguiente, fue del 9,1%; la actividad de las industrias manufactureras, que representaban entonces la tercera parte del PBI (la producción agropecuaria era un sexto), registró un aumento del 18,9% en el primer año y del 13,8% en el segundo, y su participación en el PIB en 1964 fue del  32,5% y alcanzaría en 1965 el récord del 33,9%; crecieron los ingresos del Estado y se reprogramó la deuda externa y se pagó a los acreedores sin acordar con el FMI.

Esa vuelta al crecimiento, a la mejora de los ingresos de los trabajadores y a la soberanía política fue frenada con el golpe militar del 28 de junio de 1966 y una nueva dictadura llamada Revolución Argentina, otra vez, cumple el Plan Prebisch, otra vez acuerda con el FMI y la economía derrapa  y empobrece a la población, que desesperada la enfrenta en el Cordobazo, en el Rosariazo, en el Tucumanazo y en todas las luchas populares hasta que deciden llamar a Perón.

El gobierno  del FREJULI tiene un plan que es el trabajado por muchos años por la CGE (Confederación General Económica),  que busca desarrollar el mercado interno y a la vez comerciar con los países del este europeo en general y con la Unión Soviética en particular; dada la complementariedad de nuestras economías, nosotros le vendíamos mosto de uva pero le comprábamos misiles anti granizos, nosotros le vendemos trigo pero ellos hacían la represa del Paraná medio.

Esa burguesía no tuvo la fuerza para enfrentar a los terratenientes y a las grandes empresas trasnacionales del país, pero sí la capacidad para preparar una nueva configuración social que podía haber dado lugar a nuevos cambios, marcando un camino que fue destruido por la dictadura militar y el plan de Martínez de Hoz, bajo la lógica sencilla de ceder al capital privado las industrias básicas, las finanzas y el comercio exterior, que por la ley de concentración y centralización de capitales termina en monopolios. Monopolio de la tecnología y del conocimiento; necesidad de importar insumos industriales estratégicos (coeficiente técnico de importación); necesidad de recurrir al endeudamiento condicionando el presente y el futuro del país; y a partir de allí se escribió otra historia.

Eso fue ayer

Hoy igual que ayer, había que destruir lo armado por el Kirchnerismo,  que había apuntalado y se basó en el consumo interno, en el empleo de la mano de obra local, en la utilización de la capacidad instalada ociosa, en acuerdos internacionales en la región y en ver y acordar  la potencialidad comercial y de inversión con China (represas, trenes, energía nuclear, etc.).

Néstor Kirchner continuó al default durante 2 –dos- años con la suspensión del pago de la deuda y luego ofreció a mediados del año 2005, el primer canje con una quita del 65% promedio del capital y extendió los plazos de pagos hasta el año 2021. Con lo que no se pagó afuera aumentó los salarios, las jubilaciones y las pensiones (dio jubilaciones a los que tenían la edad y no los aportes).

Congeló las tarifas energéticas, de comunicaciones y de transporte. Ya con Cristina Fernández en el gobierno se estatizó las AFJP y con las acciones y títulos de las mismas constituyó el Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la ANSeS. Aumentó la inversión pública y el gasto en salud y educación

Y crecíamos a tasas chinas, lo reconoce el INDEC de Macri dirigido por Jorge Todesca: En el año 2003 al 8,8%, en el 2004 al 9,0%, en el año 2005 al 8,9%, en el año 2006 al 8,1% y en el año 2007 al 9,0%.

No bien asumió la Presidencia de la República aumentó los salarios, jubilaciones y pensiones por Decreto. Luego reinstaló la negociación tripartita y promovió nuevas condiciones para acuerdos salariales que impactaron en las condiciones de trabajo, que sumado al Salario Mínimo Vital y Móvil, ambas en conjunto, mejoraron la distribución del ingreso.

Lo hizo con convicción y patriotismo, sabiendo lo que es y qué significa la minoría enriquecida de nuestro país. Había ganado las elecciones del año 2003 porque Carlos Menem decidió no presentarse en la segunda vuelta y, el 5 de mayo de ese año lo fue a visitar Claudio Escribano, uno de los escribas y socios de La Nación. Le dijo: Cómo no había convocado a los grandes empresarios del país y que, además, los grandes medios lo iban a apoyar si su gobierno se alineaba con los Estados Unidos, etc. Néstor Kirchner le respondió que “mi mayor preocupación es que me acompañen los argentinos, por eso no empiezo por los empresarios ni por el embajador de ningún país. Tampoco pienso en un alineamiento automático con Estados Unidos ni en buscar que me aprueben como precondición para gobernar mi país. Ocurre que usted y yo tenemos visiones distintas”. Al otro día la tapa de La Nación sostenía que la Argentina había decidido darse gobierno por un año, profecía atribuida a no identificados miembros del Council of Américas. Sin embargo el kirchnerismo estuvo 12 años en el gobierno nacional y Néstor Kirchner como el Cid Campeador siguió batallando aún muerto.

Perón, Illia, la CGE – Gelbard y,  Kirchner, con sus diferencias y matices, todos ellos tenían una idea de Nación y de la sociedad y actuaron en consecuencia, primero antes que nada con su propio plan, con su trabajosas alianzas políticas, pero nadie dudaba de lo que se proponían y a la vez, estaban advertidos de lo que significa el Departamento de Estado, el FMI y  la parasitaria clase dominante argentina.

Nunca se confiaron de ninguno de ellos, se lo dijo Néstor Kirchner a Claudio Escribano y, fue juntando dólar por dólar para sacarse de encima al FMI, que nunca lo pudo condicionar ni limitar en su accionar.  El FMI que vino a estas pampas con la Revolución Libertadora, que el inefable Raúl Prebisch le diseñó un plan a su gusto y parecer, el 3 de enero del  año 2006 se tuvo que ir. Vuelve en mayo de 2018 al ruego del gobierno de Cambiemos, con un “generoso” crédito cuyo principal rol es evitar el estallido cambiario a la actual administración, que  a la vez le sirve de presión sobre el gobierno que asuma el 10 de diciembre de este año.

No hay ninguna posibilidad de ninguna especie si se trata de acordar con el FMI, por lo que antes que nada se debe tener un plan claro para sacarse ese salvavidas de plomo, y segundo, se debe dar a conocer la verdadera situación a la población, que es el que paga la deuda.

Illia y Kirchner lo hicieron escribiendo lo mejor de la historia de nuestra patria. Sin poder armar una férrea alianza social, el primero porque el enemigo supo sacar tajada del peronismo proscripto y, el segundo, porque la vida no le dio tiempo, pero aún en esa situación  no aceptó que se le impusiera un programa de gobierno.

En su discurso de asunción como Presidente de la Nación Argentina Néstor Kirchner comienza:

Pensamos el mundo en argentino, desde un modelo propio. Este proyecto nacional convoca a todos y cada uno de los ciudadanos argentinos, por encima y por fuera de los alineamientos partidarios. A poner mano a la obra de refundar la patria…”

Promedia su oratoria con: “No creo en el axioma de que cuando se gobierna se cambia convicción por pragmatismo, eso constituye en verdad un ejercicio de hipocresía y cinismo. Soñé toda mi vida que este país se podía cambiar para bien…”

Y termina con: “Vengo a proponerles un sueño que es el de volver a tener una Argentina con todos y para todos. Les vengo a proponer que recordemos los sueños de nuestros patriotas fundadores, y de nuestros abuelos inmigrantes y de pioneros. De nuestra generación que puso todo y dejó todo, pensando en un país de iguales, pero yo sé y estoy convencido en que en esta simbiosis histórica vamos a encontrar el país que nos merecemos los argentinos. Anhelo que por estos caminos se levante a la faz de la tierra una nueva y gloriosa nación; la nuestra. ¡Viva la Patria!» 

Horacio Rovelli. Es economista especializado en temas fiscales y monetarios. Profesor de Política Económica en la Universidad de Buenos Aires. Ex Director de Políticas Macroeconómicas del Ministerio de Economía.

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